Economía y sociedad
Paul Krugman
Paul Krugman
Pocas horas antes de que la Presidente de la Nación citara en su discurso de ayer a Paul Krugman y al ya famoso post de su blog publicado el pasado jueves en el New York Times, había tenido yo la ocasión de leer el artículo titulado "El euro está matando a la Europa del Sur", escrito por el bloguero Matt Yglesias.

Krugman se refiere en su post al artículo de Yglesias y atribuye a éste la utilización de la frase "una notable historia de éxito" para referirse a la Argentina. Frase que, con gran astucia política, subrayó ayer nuestra Presidente en su discurso.

Algún gesto, de entre los muchos que acostumbra a hacer la señora Kirchner mientras arenga a sus incondicionales, me hizo sospechar que la frase en cuestión había sido sacada de su contexto; por tanto, me obligó a volver a leer los artículos de Krugman y de Yglesias, en versión original sin subtítulos, tal y como lo había hecho la vez anterior.

La primera conclusión de esta segunda lectura no es muy impresionante que digamos, pero al menos sirve para situar un poco mejor las cosas. El artículo de Yglesias que cita Krugman en el encabezamiento de su escrito, y que da sentido a su breve pero contundente juicio, no dice en ningún momento que la Argentina sea "una notable historia de éxito". De hecho, Yglesias no utiliza ni una sola vez en todo su escrito la palabra "remarkable", traducida por algunos como "extraordinario", pero que en realidad significa más bien "destacado" o "notable".

La segunda conclusión, si acaso tan intrascendente como la primera, es que al hablar de "notable historia de éxito", Krugman no se refiere a la bicentenaria historia de nuestro país (sería ridículo que lo hiciera) sino al proceso de recuperación económica que encaró la Argentina tras la salida de la convertibilidad (that country’s recovery following its exit from the one-peso-one-dollar “convertibility law”).

Me ha costado mucho, eso sí, encontrar en el brevísimo escrito de Krugman algo que se parezca a un elogio al gobierno de la señora Kirchner o al de su marido. Creo francamente que el breve post no contiene ninguna alabanza al gobierno, aunque admito que de su lectura se pueda inferir algo parecido a eso.

Antes al contrario, pienso que más que un elogio formal y frontal a la Argentina o a su gobierno, el post de Krugman contiene una dura crítica a la prensa, o, para decirlo con sus propias palabras, a "la cobertura de prensa sobre la Argentina" (press coverage of Argentina). Sobre ésta, dice Krugman: "es otro de esos ejemplos de cómo el conocimiento convencional puede aparentemente hacer que sea imposible obtener datos básicos correctos".

Se queja Krugman -y pienso que no le falta razón- que a diferencia del caso irlandés, los artículos de prensa sobre la Argentina utilizan casi siempre un tono muy negativo. El premio Nobel dice que generalmente se habla de que los argentinos son irresponsables, que están renacionalizando ciertas industrias, que tienen un lenguaje populista y que, por ello, las cosas deben de ir allí muy mal. Pero se cuida mucho de decir que estas cosas no estén ocurriendo de verdad en la Argentina. Simplemente dice que la prensa destaca estos aspectos negativos cuando, a su juicio, debiera fijarse en otros detalles de nuestra economía.

En una segunda comparación, Krugman valora de forma negativa la muy diferente reputación internacional de las economías del Brasil y de la Argentina y se pregunta por qué nuestro país es menospreciado cuando las cifras de crecimiento de su PIB son incluso mejores que la de su gran vecino. La respuesta a esta pregunta es un tanto enigmática: "sabemos por qué, pero ello no habla muy bien acerca del estado de los informes económicos".

Hasta aquí el artículo de Krugman, que, insisto, no contiene ningún elogio al gobierno, aunque sí una fuerte crítica a la prensa internacional (no a la argentina, como se ha dicho) y tal vez un velado reproche a las cifras macroeconómicas que elabora el gobierno argentino.

Matt Yglesias

\r\n\r\nMe ha costado bastante más leer el texto de Matt Yglesias, no porque su forma de escribir sea más complicada que la del premio Nobel, sino porque antes de aterrizar en el Slate Magazine ya me había formado un juicio negativo acerca de su personalidad.

Hace dos meses, escasamente, Yglesias desencadenó una sonora controvesia mediática cuando a través de su cuenta de Twitter celebró abiertamente la muerte prematura del escritor y columnista Andrew Breitbart ("The world outlook is slightly improved with @AndrewBrietbart dead [sic]."), dijo entonces Yglesias.

A pesar de este detalle de mal gusto, intenté leer con la mayor objetividad posible su artículo, en el que se refiere a la situación económica de España y de la Argentina, para ver si, efectivamente, como dice Krugman, este bloguero, de solo 30 años, elogia a nuestro país y a su gobierno.

El argumento central del artículo de Yglesias es muy simple: España, Portugal, Grecia y los otros países europeos en dificultades podrían aprender del exitoso default (sic) y devaluación de la Argentina.

No soy un bloguero famoso ni un experto en economía ni tengo treinta años, pero me gustaría decir que estoy de acuerdo con esta apreciación: los países europeos en dificultades pueden aprender mucho del default y de la devaluación argentina; especialmente mucho de lo que no se debe hacer.

Pero así como el artículo de Krugman me ha parecido breve y poco fundamentado, considerando la talla intelectual de su autor, el de Yglesias me ha parecido intenso, aunque no por ello menos superficial, sesgado y caricaturesco.

En primer lugar, porque al comparar a ambos países e intentar poner de relieve sus similitudes, los desfigura y los reduce irrespetuosamente a una caricatura, hecha con retazos de estereotipos muy socorridos pero muy poco amables con nuestros países y sus respectivas culturas.

Dice Yglesias: España y Argentina enfrentaron esencialmente problemas similares. Ambos emergieron de dictaduras, con reputaciones de clima agradable, buena comida, gente divertida, mala gestión macroeconómica y baja productividad. Y después de tambalearse un poco, ambos dieron con una solución similar: externalizar la gestión macroeconómica.

Añade el autor que ni la convertibilidad argentina ni la unión monetaria en España consiguieron cambiar la estructura básica de la mediocre economía de estos países. Es decir que, para Yglesias, los dos países, a pesar del éxito económico de aquellas medidas, siguieron siendo simplemente lugares con clima agradable, buena comida, gente divertida, etc.

Pero hay más: Las bases industriales [de España y la Argentina] todavía eran de segunda categoría y sus sectores de servicios ineficientes, dice Yglesias. En pocas palabras, añado yo, unos países de mierda.

Sin embargo, para explicar el tremendo éxito España, que alcanzó a convertirse en la octava economía mundial, el autor dice: con estabilidad monetaria básica unida a un buen clima y a una cultura europea accesible se puede llegar muy lejos. Dice Yglesias que las uniones monetarias (incluye aquí a la convertibilidad argentina) provocaron el auge de la inversión, el flujo de capital extranjero, el fomento del empleo y de los salarios.

Luego de describir el azaroso proceso de salida de la convertibilidad, ya con otro tono, Yglesias nos dice: "Esto difícilmente es una panacea. El abandono de la paridad con el dólar ha cimentado la reputación de Argentina como un mal lugar para invertir dinero. Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner han aplicado una serie de políticas energéticas dudosas y emiten un fuerte aire de amiguismo dinástico. Pese a todos nuestros problemas, los Estados Unidos son un país mucho más rico que goza de instituciones mucho mejores que las de la Argentina; y no hay sustituto para las instituciones".

Preguntas

Llegado a este punto de la lectura, me surgieron dos preguntas: ¿Es éste el elogio del que con tanto orgullo presume la Presidente de la Nación? y ¿Es ésta la receta que el señor Yglesias propone para los países de Europa en dificultades?

Sinceramente, no parece que el señor Yglesias, a pesar de nuestra "exitosa historia de éxito" haya cambiado en lo más mínimo su opinión acerca de que nuestro país es simplemente un lugar con buen clima, buena comida, con gente divertida y gobernantes que no tienen la menor idea de cómo gestionar la macroeconomía; con una industria de segunda y con un sector servicios la mar de ineficiente. Tampoco parece -dicho sea de paso- que tenga a los Kirchner en un pedestal destacado entre los líderes democráticos del mundo civilizado.

Y, por último, si el señor Yglesias quisiera de verdad recomendar el default y la devaluación como remedio inmediato para los males de los países de Europa en dificultades, con la misma sinceridad (o con la misma audacia) debería recordarles a aquellos países algunos precios que la Argentina ha tenido que pagar para cimentar una economía tan exitosa: la destrucción de su sistema financiero, la expropiación de los ahorros de los ciudadanos, incluidos los fondos públicos de pensiones, la consolidación de un modelo sindical y de relaciones laborales retrógrado, los alarmantes desequilibrios territoriales, la agudización de la pobreza, la entronización de un modelo de protección social inequitativo e inviable, una enorme concentración de poder, la recidiva autoritaria, el retroceso de la democracia y de las libertades, y... un medio centenar de muertos.

Estoy casi seguro de que la Presidente no leyó este artículo que, aparentemente, está por detrás de la opinión de Krugman. Si lo hizo antes de su discurso, no tiene perdón ninguno; si lo hizo después, seguramente estará en estos momentos agarrándose la cabeza.

Afortunadamente, hay más de un país europeo en crisis (países que, como sabemos, son macroeconómicamente inmaduros, fiscalmente irresponsables, habitados por gente divertida de bajísima productividad, que disfruta de la pereza que viene aneja a la buena comida, la mejor bebida y el clima cálido) que no desea pagar precios tan altos por emular aquella "extraordinaria historia de éxito".
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