Economía y sociedad
Redes familiares en la economía salteña
Redes familiares en la economía salteña

Aptitudes emprendedoras pueden mejorar la economía

¿Puede reinar la paz social en una comunidad donde cerca del 50% de sus miembros vive en situación de pobreza o está excluido de las oportunidades más elementales?

El caso de la Salta contemporánea muestra el papel fundamental de las redes familiares y, en general, de lo que se suele llamar sector social de la economía en el mantenimiento de aquellos equilibrios fundamentales.

Los múltiples recursos y energías que se generan en aquel sector, antes incluso que las políticas públicas, son los que contribuyen a mejorar los niveles de cohesión social.

A continuación reseñaremos brevemente un par de experiencias comenzando por destacar que, en los casos aquí presentados, los actores muestran una especial aptitud emprendedora y han logrado conectar su actividad económica con la lógica del mercado (precios, calidad, competencia), sin mengua de los principios y valores propios de los emprendimientos del sector social.

Se destaca en primer lugar el programa social que lleva adelante la compañía de servicios eléctricos SIN SA, surgida a raíz del proceso de tercerización que siguió a la privatización del sector.

Su iniciativa consiste en la creación y mantenimiento del Hogar Luz y Vida (que se desenvuelve en la órbita de la fundación que creara el sacerdote salteño Ernesto Martearena, y que cuenta con el apoyo del Sindicato de Luz y Fuerza) para niños de familias de escasos recursos y provenientes de zonas rurales, que reciben educación monitoreada por la empresa y orientada a facilitar el acceso de estos niños a la educación técnica.

Contra lo que pudieran pensar quienes imaginan barreras infranqueables entre el origen rural y la cultura industrial, estos jóvenes, una vez concluidos sus estudios, se desempeñan como muy buenos trabajadores, lo que facilita su incorporación formal a la compañía promotora del programa.

Dulces artesanales

El segundo caso está referido a un joven vendedor ambulante de empanadas (una actividad de gran significación en la economía formal e informal salteña), que decidió aprovechar los conocimientos culinarios y comerciales trasmitidos por su abuela para dar un salto y organizar una producción de dulces y masas regionales (la actividad gira con el nombre de Encanto Salteño) en condiciones de triunfar en un mercado exigente y vinculado con la actividad turística.

Con tal propósito ha puesto en marcha una pujante microempresa familiar que desarrolla lazos con el barrio donde se asienta la fábrica.

Sin olvidar los determinantes aspectos relacionados con el factor humano (capacidad emprendedora, afán de superación), llama la atención el papel relevante cumplido por los cursos de capacitación que sirvieron para conectar los saberes ancestrales con las nuevas tecnologías de manipulación de alimentos y las herramientas del marketing. Una mirada atenta a las relaciones del tercer sector con el Estado revela carencias e inconsistencias en el marco institucional.

Daría la impresión de que nuestro Estado, en lo que se refiere a las medidas de promoción, la estructura impositiva, los programas de formación y el sistema laboral, está más volcado al sector productivo tradicional y libra, al menos desde los años setenta, una nada lucida y poco eficaz batalla por encorsetar dentro de este modelo a emprendimientos que, por definición, rechazan esta pretensión uniformadora.

(*) Ministro de Trabajo (1993/1997).
(**) Licenciada en Sociología por la Universidad Complutense.

Este artículo ha sido originalmente publicado en el Suplemento Solidario del diario La Nación de Argentina, en su edición del día 19 de agosto de 2006. Se reproduce aquí con autorización de sus autores.
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