Curiosidades
Iglesia
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A finales de los años sesenta, el sacristán de una céntrica iglesia de la ciudad de Salta, acudió con unos amigos a uno de los tantos prostíbulos que por aquella época poblaban las oscuras calles del bajo salteño. Al salir del local, el sacristán advirtió que había dejado olvidado, junto al lecho de la profesional que lo atendió, un pesado manojo de llaves, que contenía las llaves de su casa -que no era otra que la misma iglesia- más las de todas las puertas del convento anejo. Al intentar reclamar su llavero, la meretriz dejó paso a un enorme proxeneta que con malos modos se negó a devolver al desesperado cliente su legítima propiedad.

Éste, no tuvo más remedio que presentarse a la comisaría de policía a denunciar la retención indebida que habían practicado los regentes del prostíbulo. El sumariante, molesto por lo intempestivo de la hora y extrañado por las circunstancias en que se produjo el suceso, atendió al denunciante con cierto enfado. El momento culminante fue cuando el sumariante preguntó al libidinoso dueño de las llaves cuál era su domicilio. "Yo vivo en la Córdoba 15", respondió el hombre. Incrédulo, por lo inverosímil de la dirección y por los ribetes eróticos del asunto, el sumariante replicó contrariado: "¿Córdoba 15? ¡Córdoba quince catorce debe ser usted!"'
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