Curiosidades
Las palomas y Arenales
Las palomas y Arenales
Se ha montado un gran alboroto a nivel mediático alrededor de la iniciativa del gobierno salteño de erradicar las palomas del entorno de la Plaza 9 de Julio. Tanta es la confusión que existe sobre este tema, que recientemente han salido a la palestra algunos grupos antiabortistas para rechazar el proyecto oficial y defender a las indefensas palomitas.

Pero ¿qué pintan los antiabortistas en todo este asunto?

Según se ha podido saber, la insólita reacción de estos grupos no guarda relación con el Espíritu Santo ni con su representación alegórica en forma de paloma, sino que estuvo motivada en una confusión lingüística.

En efecto, en círculos bien informados circulaba la especie de que el gobierno había realizado contactos con expertos holandeses para traer a Salta un novedoso método de bird control. Un efecto de "teléfono descompuesto" hizo que esta aparentemente inocente noticia llegara a oído de los antiabortistas, pero con un ligero matiz: se daba por cierto que el gobierno estaba embarcado en una experiencia de birth control, lo que hizo disparar todas las alarmas.

Otras voces se han levantado desde las filas de la "defensa de la naturaleza" en contra de esta iniciativa, aunque con un poco feliz empleo del lenguaje. Un ciudadano de origen extranjero, al enterarse de que las palomas de la Plaza 9 de Julio iban a ser sacrificadas, habló de que el gobierno era responsable de "la masacre de palomitas", lo que provocó el lógico disgusto entre personas cercanas a las asociaciones de Derechos Humanos, que no fueron advertidas a tiempo de que el forastero hablaba de "palomitas" con minúsculas y que no aludía al desgraciado suceso represivo de 1976. Todo ello, para no mentar el disgusto del propio gobierno.

Yendo más hacia los extremos, no ha faltado quien hablara de que las palomas son las únicas que arrullan el sueño eterno de los legítimos próceres de la Nación (es posible que algún fortín gaucho no esté de acuerdo con esta afirmación) y que los culpables son las autoridades negligentes. En la misma línea se hallan las opiniones contrarias a la mudanza de las polémicas aves al recinto de la Escuela Agrícola, por temor a una extensión de la temible "gripe aviaria".

Estas opiniones radicalizadas sugieren, sin decirlo abiertamente, que se debe de proteger a ultranza la vida de las palomas salteñas, y, en cambio, se debe someter al exterminio a las autoridades negligentes (habiendo tantas en Salta, esta política adquiriría dimensiones de verdadero genocidio) o proceder a su destierro. Recuerda mucho a aquellas señoras que durante la última dictadura militar abogaban por la vida de los perros vagabundos pero estaban de acuerdo con arrojar al Río de la Plata personas vivas desde los aviones.

Sorprendente descubrimiento
Sorprendente descubrimiento
La foto de la derecha pertenece al repertorio de Flickr. La turista americana que la tomado ha escrito al pie: "Esta es la plaza central en Salta (una ciudad sorprendente) donde un viejo vende bolsas de alimentos para palomas por 20 centavos... Así los turistas y los niños pequeños pueden ser atacados por las palomas". Todo indica que será más fácil ahuyentar a las palomas que al viejo oportunista que vende bolsas de alimento, uno de los presuntos culpables de la difusión de esta plaga.

No han faltado a la cita los expertos plazólogos salteños (también conocidos como moradores inertes del tontódromo). Estos defensores de las palomas, recuerdan haber visto a algunas personas adultas pernoctar dentro del mismísimo monumento al general Arenales. Nadie sabe cómo entraban allí, pero que dormían allí, seguro. Estos memoriosos defienden ahora que si los humanos ya profanaron el céntrico monumento, el que ahora lo hagan las palomas es un problema menor.

Según Seinfeld (*), los seres humanos tenemos un pacto con las palomas: ellas nos hacen el favor de quitarse del camino cuando estamos a punto de atropellarlas con el auto y, a cambio, nosotros les permitimos defecar en nuestros monumentos.

Es precisamente este acuerdo -que, todo indica, es contemporáneo al mismísimo 'contrato social'- el que ha permitido encontrarle la punta del ovillo a la solución del problema.

Enterados los investigadores de que el verdadero problema con las palomas reside en la conducta persistente de los transeúntes que las alimentan (generalmente con pochoclo, con migas de pan o con hidratos de carbono blanquecinos), se ha realizado en algunas ciudades la pionera experiencia de alimentarlas con una "papilla de bronce y otros metales pesados". La solución, en cualquier caso parece efectiva, pues en el caso de que el tracto digestivo del probre animal sobreviva a tan contundente alimento, producirá seguramente heces del color del monumento afectado, con lo que se reduce el impacto visual de sus excrementos.

Por favor, que no sea porque faltan ideas, ¿eh?

(*) En sus propias palabras: Of course. We have a deal. They get out of the way of our cars, we look the other way on the statue defecation.
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