Cultura
Real Academia Española
Real Academia Española
En más de una ocasión me he sorprendido cuando los serviciales mozos de Salta nos ofrecen, como complemento para el disfrute de nuestras mejores carnes, un exquisito fuentón de "papa perejilada".

Siempre imaginé que detrás de este invento y de su preparación había una persona sumisa y abnegada, que en un rincón olvidado y oscuro de las cocinas, se entregaba a la dura y monótona tarea de "perejilar" las papas.

Sin dejar de pensar que hay personas que se pasan todo el día y buena parte de las noches "perejilando" a cuatro manos, se me ocurrió también que en la escala salarial del gremio de los gastronómicos, al lado de la categoría profesional de cocinero, ayudante y pinche, debería existir la de "perejilador", pero me he fijado y no figura.

Para despejar mis dudas, de paso, he recurrido al Diccionario, con la vana ilusión de encontrar en él la definición del verbo "perejilar", pero a los señores académicos de la lengua no se les ha ocurrido. Tal vez, porque muchos de ellos no salen de esas cinco manzanas que rodean al Museo del Prado (que es por donde se encuentra el bello edificio académico) y no han recalado nunca en un carrito de la avenida Entre Ríos para conocer de cerca lo que es una buena papa perejilada.

A veces me pregunto por qué motivo los que se ocupan de limpiar, fijar y dar espendor a nuestra lengua, se "fijan" más bien poco en el inglés, que tiene mucho para enseñarnos. ¿Por qué los lingüistas no han acertado a descubrir la existencia de un plato que se llama parsleyed potatoes y se han dejado ganar la partida por los gastronómicos salteños que de anglicismos conocen más bien poco?

Sin embargo, los señores académicos sí que se han preocupado de incorporar al diccionario el verbo "encebollar", que significa "echar cebolla en abundancia a un guiso" y el adjetivo "encebollado", con que se caracteriza a aquella comida que es "aderezada con mucha cebolla y sazonada con especias, rehogado todo ello con aceite".

Obsesionado por indultar al inexistente verbo "perejilar" y darle carta de ciudadanía en el selecto mundo de las palabras, hice recientemente una recorrida por los bares de la zona del Prado, para comprobar que no son las patatas bravas (exquisitez que se saborea con mayor frecuencia en el Barrio de las Letras de Madrid) ni los bocatas de calamares (especialidad de los alrededores de la Plaza Mayor), los platos más demandados por los parroquianos.

Al contrario, es el bonito encebollado el que hace las delicias de los vecinos de esta cultísima zona de Madrid; de lo que se deduce que la recepción en el Diccionario de "encebollar" y "encebollado" está directamente relacionada con los tentempiés que a cierta hora acostumbran a disfrutar los señores académicos cuando, por motivos que son fáciles de imaginar, abandonan transitoriamente sus sillones identificados con letras mayúsculas y minúsculas.

Pienso que si hay justicia lingüística en este mundo, los salteñismos "perejilar" y "perejilado" deberían tener igual rango en el Diccionario que encebollar y encebollado, aunque para ello sea necesario organizar en Salta un seminario de exportación de papas perejiladas a la capital de España.

La otra solución es trasladar momentáneamente la sede de la Real Academia Española al estadio de Gimnasia y Tiro (el 'Gigante del Norte') para que cuando el académico que ocupa el sillón "v" minúscula entre en barrena por el hambre no tenga más remedio que recalar en "La Monumental" y deleitarse allí con una estupenda falda de costilla, acompañada de aquel esfuerzo creativo de la gastronomía regional llamado "papa perejilada".

Es más. Me he juramentado que algún día los salteños perejilaremos el mundo. De momento, hemos empezado la tarea enviando nuestro mejor perejil a las más altas cumbres. Pero ¡Basta ya de tanta inequidad! Pues si éstas son épocas de reivindicar la inclusión, debemos luchar a brazo partido para que en la Edición XXVº del DRAE se incluya de una vez por todas el verbo perejilar y su correcta conjugación.
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