Cultura

Guitarra adentro

Con Falú se puede hablar horas de música y de guitarras. De las suyas. De algunas de las muchas que tuvo. “Una guitarra no tiene una vida longeva. A los veinte años comienzan a ceder las maderas. Sufren por el cambio de clima. Siempre hay que probar guitarras. La que prefiero es La Fleta. Se fabrica en Barcelona. Tiene un sonido humano, pastoso”.

La madera de la guitarra, añade, debe ser estacionada, de gran nobleza. Sobre ella debe poner su arte las manos del luthier. “Los japoneses hacen excelentes guitarras. En mis primeros viajes observé que tenían gran curiosidad por mis guitarras. Las miraban, las tocaban, las medían, pedían información. Al poco tiempo, comenzaron a fabricar excelentes guitarras”. Hace veinte años en Japón había dos millones de estudiantes de guitarra clásica.

En 1945 las cuerdas de nylon reemplazaron a las cuerdas que se hacían de tripa. “Los guitarristas hacemos de tripas corazón”, bromeó alguna vez Andrés Segovia. Falú las recuerda: “Sonaban muy bonito. Distinto. Parece ser que todo lo que tiene que ver con la vida está poseído de algo especial. Madera, cuerdas, tienen resonancia singular”.

“La mía es una profesión agradable. Jaime Dávalos decía que servía para ponerle música y palabras al silencio del pueblo. A lo largo de mi vida coseché muchos premios. Pero el mejor de los premios es el que me dio la gente con su aplauso. Nunca me quedé con el aplauso para disfrutarlo con egoísmo. Cuando me aplaudían a mí, sentía que era un aplauso para mi país y mi provincia. El hombre es tierra que anda. Todo lo que uno tiene adentro y lo que entrega en arte, es lo que la tierra nos dio para nutrirnos. Tocar me llena de alegría y de felicidad. Me ayuda a vivir”.


* Versión actualizada de la entrevista realizada a Falú por el autor a mediados del año 1987. Se publicó con la firma de Rodrigo Alcorta, uno de los seudónimos del autor consignado en el registro oficial.
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