Cultura

De la bohemia a la disciplina

“Todo eso era muy lindo. No había avidez por hacer negocios. Predominaban el lirismo y la amistad. Nos juntábamos sin pensar que había que trabajar al día siguiente. Era un tiempo de músico y de poetas”, recuerda. Un tiempo donde apenas se percibía el paso de anocheceres a amaneceres a los que cantó el poeta Jaime Dávalos en “Zamba de La Candelaria”, que Falú musicalizó en 1948.

“Nació esta zamba en la tarde
cerrando ya la oración,
cuando la luna lloraba,
astillas de plata, la muerte del sol”.

Pronto Falú comprendió que ese mismo clima de bohemia que inspiraba y arropaba a poetas, guitarristas y cantores podía dispersar energías creadoras y frustrar vocaciones. Inspiración sin esfuerzo y esfuerzo sin talento creador, resultaban igualmente esterilizantes. La fórmula salvadora era de enunciado simple y de ejecución difícil: inspiración más transpiración.

Sin menospreciar las enseñanzas que recibió de viejos guitarristas aficionados o de buenos profesores, se puede decir que Falú fue maestro y discípulo de sí mismo, producto combinado de autoexigencia y autocrítica. “Años después estudié armonía con Carlos Guastavino. Pero más que otros elementos, fue mi intuición la que me llevó a hacer lo que hice”. Lo primero que compuso fue un trémolo La fuga del sol, tema de aire incaico.

La relación con Guastavino fue más importante. En 1977 Falú dijo que Guastavino había sido “su gran maestro de conducta y quien me ha aportado los conocimientos de armonía que inicialmente había estudiado con el profesor Pedro Sofía. Guastavino, hombre de gran modestia, fue quien me enseñó a evitar el yuyerío en el que uno incurre cuando compone y no conoce bien la teoría musical”.

Una de sus primeras guitarras fue la que mandó a comprar don Gualberto Barbieri en la Antigua Casa Núñez. Falú propuso a Barbieri, entonces director de la cárcel de Salta, dar clases de guitarra a los presos. El funcionario aceptó la propuesta. “Me tocó enseñar en la época de Santos Ramírez, que había puesto en jaque a la policía. Era correntino, hombre duro pero macanudo fuera de sus andanzas. Actuaba a dúo con Doroteo Hernández. Por enseñarle a los presos conseguí mi primera guitarra. Aún no había luthiers en Salta”.

Leyó mucho sobre guitarrística española: Sor, Aguado, Domingo Prats. “Comencé a tejer lo popular con lo clásico, a dar otra dimensión a lo folclórico. Algunos dicen que hice un puente entre ambas cosas. Esa fue la tarea de toda mi vida”. Antes de largarse a Buenos Aires, Falú había actuado en un programa diario en Radio LV9 de Salta junto al Burro Lamadrid y al maestro José Lo Guidice.


* Versión actualizada de la entrevista realizada a Falú por el autor a mediados del año 1987. Se publicó con la firma de Rodrigo Alcorta, uno de los seudónimos del autor consignado en el registro oficial.
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