Cultura
"De ande has venido señora, que yo no sé conocerte. Mi corazón se ha alegrado, era por saber quererte/Grabadito, grabadora, para que me estarás grabando, pobrecita de mis coplas, a donde se irán penando." Gerónima Sapura echa sus coplas al viento, en su casa de Cobres, un poblado salteño perdido cielo arriba a unos tres mil metros de altura en la puna salteña. Hasta allí llegó con su grabador la cantante Laura Peralta, como parte del proyecto "Bagualas y bagualeros", un trabajo recopilatorio de las voces de los copleros que viven en la región de los Valles Calchaquíes, editado por la Secretaría de Cultura de Salta por medio del Consejo Federal de Inversiones.

La coplera Laura Peralta, discípula de Leda Valladares, recorrió el corredor de 250 kilómetros que abarca esa zona semi árida de Salta, caminando con su grabador, viajando a dedo o en micro, para registrar ese canto ancestral que sigue vivo. "Me sorprendí a cada momento por la forma de brindarse de la gente y de la vigencia que tiene la copla. Es algo que está muy vivo y forma parte de la vida cotidiana en distintos rituales, tanto para el tiempo de carnaval, como para las marcadas de animales y momentos fundamentales como la ofrenda a la Pachamama", cuenta la coordinadora de este trabajo cuya primera etapa tuvo el apoyo del Fondo Nacional de las Artes, la Dirección Nacional de Artes (Secretaría de Cultura de la Nación) y diversos organismos municipales.

En su hábitat natural, Laura Peralta grabó a una treintena de cantores de Seclantás, Molinos, Tolombón, Cafayate, Pueblo Viejo, Cachi, Cobres, Luracatao, S. J de Escalchi, San Carlos y Corralito, que forman parte del disco doble "Bagualas y bagualeros", que será distribuido en las escuelas de la zona. El proyecto será presentado en mayo en Salta, junto al documental "Cajas en carnaval", que Peralta realizó en forma paralela a la grabación.

-¿Como nació el proyecto?

-Conocí la baguala por medio de Leda Valladares en Buenos Aires, pero después me fui a vivir a Salta, a la zona de los valles, incluso tengo un hijo que nació en Cafayate. Viví muchos años en Animaná como docente y me encontré con la copla y esa forma de cantar tan especial de la zona y surgió la idea de grabar eso para que no se pierda.

-¿Cómo fue el método de selección de los copleros?

-Quería grabar a todos los bagualeros, pero es imposible porque todos cantan por más que te digan que no. Quería mostrar los distintos colores; en cada pueblo cantan diferente y tienen sus propias coplas. No importa quién canta más bonito o afinado. Cuando uno está en la rueda se canta con lo que se tiene a mano, con la voz chiquita, gastada o amanecida. Cada uno tiene su color, su forma de cantar, y con una forma melódica que lo identifica con su lugar. Eso fue lo que me interesó grabar.

-¿Sigue el camino de Leda Valladares?

-Creo que estoy muy lejos de todo lo que representa ella y de su aporte. Lo que sí aprendí con Leda es el entusiasmo por esto. La admiro como una gran difusora de esta forma de cantar en otros ámbitos como Buenos Aires, fuera de lo que es una rueda en el medio de un cerro. Lo que también aprendí de ella es que todo el mundo puede cantar y que en las escuelas se puede revalorizar esta cultura como parte de la tradición oral. De hecho este trabajo que hice fue realizado con la intención de que en las propias escuelas de la zona se valorice el canto con caja.

-¿Cómo se aprende la baguala en la actualidad?

-En el Norte se sigue con la tradición que se transmite oralmente de padres a hijos. Hay una edad en la que no se canta y es cuando los chicos emigran o se van del lugar a buscar trabajo, que es sobre todo en la adolescencia, pero de grande se vuelve a la copla.

-¿De qué hablan las coplas con las que te encontraste ahora?

-Las coplas encierran el pensamiento colectivo de toda una comunidad y de su vida cotidiana. En las coplas se pueden ver las distintas vivencias de cada uno. A pesar de que en la provincia hay gente que dice que la baguala ya no existe, pude comprobar que no es así y está tan viva como siempre. Es verdad que se transformó. Pero la continuidad de la copla está asegurada. Es lo primero que un chico aprende.

-¿Cuál es el rol que tiene el coplero en esas comunidades? ¿Hay un reconocimiento de quien canta?

-Acá pasa por otro lado. No se trata del escenario. La gente se comunica a través de la copla. Los vallistos, por ejemplo, hablan muy poco, sin embargo en carnaval se habla mucho, pero a través de la copla. La copla es una excusa social para encontrarse en una rueda, tal vez para encontrar una pareja, reunirse con las comadres con las que hace mucho no se ven, saludarse a través de la copla, o pasarse una noticia de algo que pasó en una quebrada. No es el canto como nosotros lo conocemos. Es algo colectivo que va mas allá, como una forma de comunicar sentimientos. Una coplera me decía que cantar era la única forma de aliviar sus penas.

Por Gabriel Plaza

Fuente: Diario "La Nación"
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