Crítica social
Carnaval cerrillano
Carnaval cerrillano
Es casi inevitable pensar que la espantosa tragedia de la discoteca porteña "República de Cromañón", además de segar las vidas de centenares de jóvenes argentinos, habrá de producir algún tipo de remezón político en un país poco o nada habituado a exigir responsabilidades políticas a los altos cargos del gobierno. Todo parece indicar, por el momento, que las consecuencias políticas de aquel bárbaro suceso se detendrán en la destitución de unos pocos responsables administrativos, con lo que los responsables políticos entenderán zanjada definitivamente', 'la cuestión de las responsabilidades en el ámbito de sus competencias.

Da la impresión que, en la Argentina, la política y quienes la ejercen se consideran a sí mismos como amos de las administraciones públicas, y que cuando se producen acontecimientos de los que se derivan auténticas responsabilidades políticas, éstas se resuelven con cesantías, sumarios, sanciones y otras medidas que son más propias de la burocracia que de la política. Probablemente se ignora -a conveniencia- que para que se produzca una responsabilidad política no es ni siquiera necesario que el político de turno incurra en negligencia. Al alto responsable político no se le exige los cuidados de un buen padre de familia en los asuntos que gestiona, sino mucho más que eso.

En el mundo civilizado son numerosos los casos de asunción de responsabilidades políticas por cuestiones que -comparadas con los 186 muertos de Cromañón- puedan considerarse una nimiedad. Si acaso cabe una comparación imposible, hay que recordar que tras la matanza de una cantidad de personas similar en los crueles atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, el gobernante Partido Popular purgó su responsabilidad política en las urnas, al ser castigado por los ciudadanos en las elecciones celebradas tres días después de la masacre. Pero las dimisiones por ejecución de responsabilidad política -algo que, insistimos, la Argentina conoce poco y mal- son más que frecuentes en las democracias más sólidas: desde altos personajes que caen por haber tenido al servicio doméstico a un extranjero sin papeles, hasta ministros que regresan al llano a causa de sucesos en los que se ven involucrados sus familiares o sus subordinados.

Mal hacemos en creer que la renuncia de un director municipal de control es "responsabilidad política", a menos que nos empeñemos en seguir confundiendo al gobierno con la administración.

Cerrillos se lanza al desenfreno carnavalero

Por estas horas los salteños celebramos con algarabía la inminente llegada del carnaval. Cerrillos anuncia a bombo y platillo el rescate del viejo Corso de Flores, apelando a la mística del carnaval cerrillano que muchas veces hemos ensalzado desde estas páginas. En un medio salteño leemos hoy, con sorpresa, lo siguiente: A pesar del paso del tiempo, Cerrillos mantiene intacto el mensaje de su pueblo, de algarabía desbordada que espera con ansia cada año la llegada del carnaval y hacer honor a aquello de ser la "Capital del Carnaval", en un clima cálido, divertido, seguro y de deleite para toda la familia.

Probablemente lo de cálido, divertido, seguro y de deleite para toda la familia sean adjetivos que seduzcan a los visitantes, pero lo que es verdaderamente cierto es que expresan una visión que la mayoría de los cerrillanos no comparte, ni siente, especialmente los que viven sufridamente en las proximidades de los lugares de diversión en donde el carnaval materializa aquella mística de la algarabía desbordada.

Carnaval
Carnaval
En tiempos de reflexión sobre la seguridad de los lugares públicos de espectáculos y de baile, resulta atinado preguntarse qué medidas han tomado los diez últimos intendentes de Cerrillos para mejorar la seguridad de los locales y la de los alrededores. Para los sagaces intendentes cerrillanos sucedidos desde 1983, la idea de seguridad es normalmente equivalente a "más policía", con lo que la responsabilidad por las vidas y bienes de las personas cae una vez más del lado del cuerpo de policía, que muchas veces tiene que pagar por la miopía municipal y por su total falta de controles.

Cabría preguntarse si alguno de los "locales bailables" de Cerrillos reúne las mínimas condiciones de seguridad para albergar, como lo hacen, a miles de personas. Varias décadas de "tolerancia interesada" (algo que en otras latitudes se llamaría corrupción), han logrado hacer de este pueblo y de los lugares de diversión un espacio peligroso, bárbaro y sin ley. Lo que preocupa más, sin dudas, es que este modelo de convivencia ha sido y es impulsado desde la propia Municipalidad, por su intendente y su Concejo Deliberante, que no conocen ni siquiera de vista lo que significa aquello de la responsabilidad política.

Pero Cerrillos y su política no sólo es ejemplar en esto. Es también un mal ejemplo de la perversidad de aquello que se llamó la judicialización de la política. Un intentente que ha desfilado por todos los juzgados de instrucción de la provincia, que ha estado procesado en decenas de causas y que ha logrado sortear con habilidad el envite de los jueces y tribunales y las humedades de la prisión, no puede sino sentirse omnipotente e inmune frente al juicio popular.

Lamentablemente, en Cerrillos como en tantos otros sitios, la inseguridad y las desgracias no son motivos suficientes para conmover la impavidez de los que se consideran por encima de toda ley y de toda norma moral.
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