Crítica social
Lenguaje no sexista
Lenguaje no sexista
Curioso asunto este de la "perspectiva de género" aplicada al lenguaje. En los tiempos que nos toca vivir notamos un impulso (en buena medida poco natural) hacia el empleo de formas de lenguaje "no sexista", que son saludadas con gran alborozo desde el feminismo y adoptadas, sin mayor cuestionamiento, por los políticos y comunicadores que intentan ponerse a tono con los tiempos.

Curioso asunto, decimos, porque uno de los sustantivos más contestados por esta corriente de opinión es el de "hombre", en la primera acepción que propone el diccionario, es decir, la de ser animado racional, varón o mujer.

Lo políticamente correcto cuando queremos referirnos al ser humano es decir hombre y mujer y no simplemente hombre, porque esta palabra, con los vientos que corren, ha sido confinada al estante intrascendente de lo lingüísticamente correcto.

Quedamos todos contentos cuando alguien dice que las más bellas creaciones de la arquitectura moderna son un prodigio de la mano del hombre y de la mujer, o que los avances científicos del hombre y de la mujer han logrado mejorar nuestra calidad de vida. Todo bien, mientras se trate de "conquistas", de "avances", de "progreso"... o de todo lo positivo que pueda atribuirse a la especie humana.

Pero la cosa cambia cuando se trata de "desastres naturales", de "plagas", de "catástrofes", de "guerras", de "destrucción"... o, en definitiva, de todo lo negativo que nuestra especie es capaz de producir.

En este punto la progresía vacila y prefiere hablar de la mano del hombre, a secas. ¿A alguien se le ocurriría decir en estos tiempos que los incendios forestales han sido provocados por la mano del hombre y de la mujer? Probablemente, a nadie.

Como decía un ilustre pensador cerrillano, es difícil imaginar a una mujer bella tirándose un pedo (¡qué razón tenía!). ¿Por qué vamos a pensar que detrás del cambio climático, de los tsunamis y de las deforestaciones hay también una mano de mujer?
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