Crítica social
En busca del puestito
En busca del puestito
Una de las conquistas más notables del decadente régimen político salteño es la de haber conseguido difuminar las fronteras entre el Estado y la sociedad civil, hasta el extremo de no poder distinguir dónde termina la esfera pública y dónde comienza la privada.

Tal logro no hubiera sido posible si su gestación no hubiese estado guiada, de un modo férreo e innegociable, por la genial idea de privatizar gran parte de la actividad estatal y de estatalizar algunas áreas clave de la vida privada. En otras palabras, de lograr para los poderosos el máximo de libertad posible para incrementar su poder y aumentar exponencialmente sus ganancias, y el mínimo de riesgos, "socializando" sus pérdidas y quebrantos, o, lo que es lo mismo, trasladando sus fracasos a los pobres.

El nuevo escenario diseñado por los brillantes "arquitectos de la desigualdad" en Salta es el marco perfecto para que la vida profesional y la vida empresaria de los individuos y de las corporaciones se entremezcle, de manera alocada a veces, con la vida cívica, con las responsabilidades y pulsiones políticas de las personas.

Si a estos ingredientes sumamos el hecho de que nuestra población mantiene, a pesar de las dificultades, un alto nivel educativo y que accede y egresa con relativa facilidad de universidades y otros centros de altos estudios, nos encontramos frente a uno de los dilemas todavía irresueltos en la sociedad salteña: ¿es posible una vida profesional o empresarial independiente de la política?

Este tema comenzó a llamar mi atención, hace años, cuando una joven abogada desempleada vino a mí en busca de consejo acerca de la mejor forma de encontrar un trabajo. Al poco tiempo, la joven letrada me comunicó que mis recomendaciones de reforzar su formación académica le habían resultado inútiles y que había optado por formar parte de una especie de asociación de jóvenes "abogados justicialistas". Me resultó un poco extravagante la salida, no tanto porque no supiera yo que la militancia y el clientelismo político eran -ya entonces- fuentes interesantísimas de oportunidades laborales, sino por que la joven profesional provenía de una familia profundamente antiperonista y ella misma no había mostrado, hasta aquel momento, ningún interés por la política.

Volvió el tema a tocar las puertas de mi conciencia, cuando un ingeniero -presuntamente informático-, ensayó frente a mí, sin que nadie se lo pidiera, una defensa absolutamente surrealista de la factura que me había pasado. Me dijo: "Yo no puedo cobrarte menos porque tu padre y el mío se esforzaron por hacernos estudiar y yo me he quemado las pestañas estudiando". Sin saber cómo reaccionar frente a semejante juicio, sólo atiné a decirle: "Mi padre se esforzó como el tuyo, seguramente... pero para hacerme comprender que la educación gratuita que he recibido me obliga a ser un profesional decente y no un ave de rapiña".

Bolsa de Trabajo
Bolsa de Trabajo
Desde entonces y hasta ahora, no ha dejado de llamarme la atención el que muchos profesionales salteños, talentosos y bien formados, hayan resignado sus ideales y perdido gran parte de su dignidad como personas (por no hablar de su capacidad intelectual), aceptando pequeños cargos y prebendas del poder de turno a cambio de su docilidad o de su adhesión franca al régimen. No soy capaz de juzgarlos porque muchos de ellos (tal vez geólogos, matemáticos, sociólogos, físicos, biólogos... o incluso músicos) quizá no encontrarán nunca fuera del Estado provincial un empleo medianamente decoroso.

La inclinación al servicio público que suele caracterizar a las clases altas, ha sido sustituida en Salta por un apetito más bien modesto y conformista por pequeños cargos públicos, relativamente estables y que requieren una cualificación técnica ciertamente menor. Allí convergen -más tarde o más temprano- nuestros mejores recursos.

Menos llamativo es que la extendida pléyade de profesionales mediocres siga empeñada -como aquel ingeniero informático- en pasarle facturas a la sociedad por "haberse quemado las pestañas estudiando". Esta peculiar fauna salteña ha institucionalizado un estilo de vida muy particular, en el que no falta el chalet en La Loma, el catamarancito en Cabra Corral o la matrícula de sus hijos en colegios carísimos en donde se forman solamente a futuros "líderes sociales". Muchos de estos personajes tranquilizan sus inquietas conciencias ayudando misa, participando en tareas parroquiales o -los más avispados- fundando proficuas ONG''s.

Lo detestable, en cualquier caso, es que este tipo de situaciones representa una oportunidad inmejorable de reclutamiento para llenar los cuadros de la "Nomenklatura" local.

Las sociedades pueden desarrollar miles de formas de despilfarrar el talento y la capacidad de sus miembros más jóvenes, pero seguramente ninguna habrá tan inútil y tan barata como el recíproco intercambio de "puestitos" y de conciencias políticas, que constituye un sello patentado por la sociedad salteña en la última década.

Una oportunidad en la vida
Una oportunidad en la vida
Antiguamente, las familias más desfavorecidas soñaban con que el poderoso de turno pudiera "colocar" a alguno de sus miembros de ordenanza en la Dirección de Rentas, de portero en la Dirección de Inmuebles o, incluso, de dependiente de la Tienda Heredia. Debemos regocijarnos de que el "igualitarismo democrático" del Gobierno de Salta haya conseguido que aquellas familias antiguamente desfavorecidas, en vez de aspirar a colocar ordenanzas, hoy postulen a médicos, contadores y abogados, y también felicitarnos porque las familias "encumbradas" -despojadas ya del poder- compitan hoy en condiciones de igualdad con las otras por los mismos puestos.

Al fin y al cabo, el camino es siempre el mismo: el coqueteo con la política y el paso por el aro de esa formidable trituradora de recursos humanos en que se ha convertido el devaluado Gobierno de Salta.
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