Crítica social
Bolas calientes
Bolas calientes
Edson Arantes do Nascimento, el mítico Pelé, cuya fama de futbolista se habría apagado lentamente hace años, de no ser por las inútiles comparaciones con Maradona, seguramente ha pasado anoche una buena noche en Alemania y dormido con la dulce sensación del deber cumplido.

Durante el sorteo del presente Mundial se encargó de "desear" -incluso, en voz alta- que la cabeza de serie Argentina compartiera grupo con Holanda.

Sus "deseos" fueron cumplidos entonces, no se sabe si por la diosa fortuna -que siempre complació al astro brasileño- o por el prodigio de las bolas calientes y las bolas frías, que, según se comentó ampliamente en Europa, decidió la suerte de los grupos en este Mundial.

Experto en revolver las bolas, Pelé se encargó de tejer el destino de Argentina y Holanda, y de condenar a la selección brasileña a jugarse su clasificación contra las poderosas selecciones de Japón y de Australia.

Anoche, tras la clausura del Grupo C, el manipulador del sorteo debe haber vuelto a experimentar la sensación de "bolas calientes", al comprobar cómo los argentinos se adjudicaban el grupo sin perder un solo partido y cómo los holandeses superaban el corte con holgura, sin intentar siquiera discutirle a la selección albiceleste su supremacía.
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