Crítica social
Traducciones norteñas
Traducciones norteñas
Nada mejor para apoyar el despegue del turismo salteño que hacer un esfuerzo extra para que los turistas extranjeros nos entiendan y asimilen las particularidades lingüísticas y culinarias de nuestra tierra.

¿Cómo explicar a un noruego de qué está hecho nuestro popular sandwich "chacarero"? ¿Qué hacer para que un alemán se decida a ordenar una "hamburguesa completa"?

La solución la ofrece una céntrica confitería salteña que ha publicado en "formato bilingüe" su variada carta de sandwichs calientes.

En la foto que acompaña estas líneas (tomada por un turista extranjero) se observa que el esfuerzo de la traducción va más allá de una mera literalidad. Por ejemplo, si consideramos normal traducir nuestro archiconocido "panchito" como "hot dog", es ya toda una conquista poética traducir la sonora bolivianidad de "pancho con poncho" como "hot dog with cover". Cover of what? es la primera pregunta que suscita tan intrigante propuesta sandwicheril.

A complex hamburger

El poncho de Pancho
El poncho de Pancho
¿Pero qué decir de las dudas que suscita entre los castellano-hablantes la expresión hamburguesa "simple", que tan familiar y descriptiva nos resulta en el noroeste argentino?

¿Qué queremos decir en realidad cuando decimos "simple"? Porque -no nos engañemos- la palabra simple es una de las más complicadas que existe en nuestro idioma. ¿Una "simple" es tal vez una hamburguesa de una sola molécula? ¿Acaso hablamos de una hamburguesa poco complicada o caracterizada por su humilde sencillez? ¿Se llama "simple" a una hamburguesa porque no es certificada ni expreso? ¿Queremos aludir a una hamburguesa singular por oposición a una pluralidad de hamburguesas? ¿O tal vez decimos "simple" porque queremos decir "sola"? ¿Por qué no existen las hamburguesas "elementales", las "únicas" o las "modestas"?

Las fuentes que hemos consultado para este estudio no han sido capaces de resolver el rompecabezas lingüístico que propone la simplicidad de la hamburguesa salteña, ya que algunos utilizan el vocablo "simple" por oposición a "completa" y otros lo hacen por oposición a "doble". Nadie nos ha sabido explicar por qué una hamburguesa "completa" no es, a la vez, "simple", habida cuenta de que -aunque completa- siempre lleva una sola hamburguesa. O, al revés, por qué una hamburguesa doble, que no lleve otros complementos, no puede ser considerada también una hamburguesa "simple".

Hay cientos interrogantes como éste en la gastronomía del norte, a saber: ¿Por qué hay blando común y blando especial cuando se podría diferenciar directamente entre blando y duro? ¿Qué es lo contrario de un matambre completo? ¿Por qué no hay empanadas "comunes" y "especiales", "simples" y "completas"? ¿Existe realmente la papa perejilada teniendo en cuenta que el verbo "perejilar" no existe? etc.

La única explicación posible es que lo etiquetado como "simple", "común" o "normal" se corresponde con versiones empobrecidas de un plato mayor, con sucedáneos de lo suculento, de lo rico, de lo tierno, de lo abundante. El target de estos productos de gama baja son los bolsillos menos pudientes, que son la inmensa mayoría.

Sucede lo mismo que con la carne, las cartas del correo y la nafta: el puchero "común", la carta "simple", la nafta "común" son productos pensados para que los consuman los pobres, aquellos que no pueden permitirse el lujo de una pomposa estampilla certificada, que no sueñan con aspirar los azulados y aristocráticos vapores de la nafta "súper" o que se conforman con mirar, colgando de una ganchera, a las mantecosas piezas de ñascha (una especie de perverso voyeurismo a que parece condenarnos el insólito precio de la carne).

Pero, cuando se trata de comidas, el ingenio popular (o el hambre, según se mire) a veces no comulga con este riguroso clasismo alimenticio.

Es el caso de un señor que tenía el dinero justo para un sandwich de milanesa "simple" pero al que le faltaba justo el doble para alcanzar un "completo", que era en realidad lo que le pedía su cuerpo. Una simple operación de aritmética de quebrados le permitió al hambriento ciudadano pedirle de viva voz al sanguchero: Don Alberto, preparemé "medio sándwich completo"

Los mozos (los salteños y los de cualquier lugar del mundo) son también capaces de complicarnos la vida hasta niveles insospechados. Cuenta un turista español que en una confitería salteña le ofrecieron hasta cinco variedades de hamburguesas diferentes: y mire... tiene la Balcarce que viene con pollo y salsa golf... tiene la especial que viene con panceta y tomate... tiene la completa que viene con huevo y por último tiene la simple.... El confuso turista preguntó entonces: La simple ¿viene sola? - No, la traigo yo... repuso el mozo, dejando en evidencia su afición por la columna de Tombolito y en la perplejidad más absoluta al incauto gastronauta hispano.

A veces es más seguro decir "tráigame una hamburguesa". ¡A ver qué sale!
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