Crítica social
Anti tabaco
Anti tabaco
Las autoridades españolas han confirmado hoy que el año 2005 se cerró con un balance de 3.329 personas muertas en accidentes de tráfico, al tiempo que se congratulan de que esta cifra represente un descenso del 5,2% respecto a la de muertos por la misma causa en 2004. Basta ver las campañas publicitarias y el gran despliegue de medios de seguridad y de controles, para darse cuenta que en un país como España la muerte de más de 3.000 personas en accidentes de tráfico adquiere las dimensiones de auténtica catástrofe (*).

El 1 de enero de 2006 señala el comienzo de la vigencia en este país de la nueva ley que prohibe fumar en centros de trabajo y en otros espacios públicos y que sanciona con multas muy severas a quienes se atrevan a desafiar la prohibición legal. La nueva ley, impulsada por el Ministerio de Sanidad y Consumo, responsable de la salud de los españoles, apunta a reducir otra cifra de mortandad verdaderamente alarmante: la de las más de 50.000 personas que mueren en este país cada año como consecuencia directa del consumo del tabaco (**). Si uno compara las cifras anuales de los muertos en la carretera con las que produce el tabaco, parece que la ley que acaba de entrar en vigor es poco más que un catálogo de buenos deseos al lado de las durísimas medidas que se ponen en práctica para conjurar el peligro mortal en las carreteras.

En medio de un gran debate nacional en torno a futuro del hábito de fumar, las autoridades sanitarias españolas aseguran que la nueva norma acerca a España a los países más avanzados de Europa en materia de lucha contra el tabaquismo. Nadie se atreve, por ahora, a pronosticar cuál será el grado de acatamiento de esta ley, aunque se prevén discusiones y altercados entre fumadores y no fumadores hasta tanto no se forme una conciencia colectiva acerca de los principales lineamientos de la ley. Pero si la norma resulta realmente efectiva, como señalan sus impulsores, el hábito de fumar se reducirá en España y consecuentemente se venderá menos tabaco.

Y aunque la preocupación por la salud pública es la que guía y justifica estos esfuerzos, comienza a abrirse paso en España la conciencia de que el tabaco también produce consecuencias sociales y económicas negativas en muchos lugares del mundo en donde se lo cultiva. Ya se escuchan algunas voces que propugnan no importar tabaco cuando se sospeche que pueda provenir de países productores que no respetan las normas laborales mínimas establecidas por los convenios de la Organización Internacional del Trabajo, así como de aquellos países que emplean para la cosecha del tabaco a trabajadores transfronterizos a los que se somete a condiciones de trabajo miserables y son mal remunerados. La iniciativa también alcanza a aquellos países con un sistema fiscal desequilibrado que no permite que la riqueza que genera el cultivo del tabaco se redistribuya equitativamente en el seno de la sociedad que lo produce, y también a aquellos que otorgan ayudas públicas a los productores en lugar de apuntalar con mayores recursos sus sistemas de salud pública.

Mucho nos tememos que con estos vientos que soplan, algunos de los inmigrantes españoles que cultivan tabaco en el valle de Lerma no serían hoy precisamente considerados héroes en su país de origen. A reflexionar se ha dicho.

(*) En la Argentina mueren más de 10.000 personas por año en rutas y caminos. La cifra triplica la del número de muertos por la misma causa en España.

(**) Según cifras del Ministerio de Salud, en la Argentina la cifra de muertos por causa de consumo del tabaco asciende a más de 40.000 por año. Un muerto por cada una de las hectáreas plantadas con tabaco en las provincias de Jujuy y Salta.
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