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Riquelme
Riquelme
El Barcelona, mejor equipo de Europa, líder más claro, conjunto más veloz, y que practica el más prístino fútbol europeo, de vértigo y tiralíneas, ha sucumbido frente a un hatajo de suramericanos sin historia conducidos magistralmente por el "lento" Juan Román Riquelme. Esta lección de fútbol tuvo como escenario el estadio de El Madrigal, en la levantina ciudad de Villarreal. Allí, en su equipo de fútbol, militan, entre otros, seis argentinos, un uruguayo, un brasileño, un boliviano y un mozambiqueño, bajo la batura de un ingeniero chileno al que nadie por aquí conocía.

No por esperada, la victoria del Villarreal sobre el Barcelona por 3 a 0 deja de ser noticia. El desarrollo del juego ha puesto de manifiesto, otra vez más, que la espectacularidad y contudencia del fútbol europeo encuentra enormes dificultades para enfrentarse a un estilo de fútbol en el que prima la inteligencia en el juego sobre el rigor táctico y en el que es más importante la habilidad individual que el despliegue físico. Pero también es noticia porque un jugador injustamente apartado del barcelonismo, como es Riquelme, ha demostrado con envidiable elocuencia que su estatura como estrella es superior, incluso, a la de quienes le han sustituido en el Barcelona.

La prensa europea reparte elogios para Riquelme a diestro y siniestro. Los mismos medios que hasta hace poco criticaban su estampa de fútbolista desganado, su falta de zancada europea o su escasa capacidad de adaptación al fútbol español (como si este fútbol cerril y cavernario fuera cosa de otro mundo), hoy lo ponen por las nubes. Lo mejor de todo es que el juego de Riquelme no ha cambiado ni un ápice, ni en su concepción ni en su esencia. Por tanto, no cabe argumentar ahora que la extraordinaria calidad de su juego proviene de un ejercicio de adaptación a un fútbol diferente.

Lo cierto es que la buena imagen de Riquelme comenzó a forjarse en España tras la apabullante victoria de Boca frente al Real Madrid en la final de la Copa Intercontinental de noviembre de 2000. En aquella ocasión, entre Riquelme y Palermo se las ingeniaron para dejar afuera al Madrid más competitivo y ganador de la última década. Pero nadie había visto jugar a Riquelme de verdad ni le conocían como futbolista o como persona. Su fichaje por el Barcelona tuvo más repercusión por tratarse del verdugo del enemigo madridista que por ser Riquelme mismo. Y fue entonces cuando pagó Riquelme su derecho de piso en Europa al entrar a formar parte de un equipo desquiciado por la presencia de seis futbolistas holandeses de rendimiento más que discutible.

Poco a poco Román va enseñando su fútbol en España y el Barcelona comprueba con disgusto que el haberle despreciado fue un tremendo error, del que la abultada derrota de ayer es sólo un ligero indicio. Como muchos equipos acomplejados, el Barcelona sueña con jugar como el Ajax de Van Gaal o como el propio Barcelona de Cruyff, y perfila un equipo en que la aceleración y la verticalidad son sus componentes fundamentales. Para conseguir este propósito, el Barça ha optado por aligerar su plantilla de holandeses (sólo queda uno, más el entrenador) y llenarla de brasileños (hay seis, la mayoría de ellos lesionados). A los argentinos (Riquelme, Saviola, Sorín, Bonano) se les ha desterrado; de forma algo más piadosa a los primeros pero bastante más cruel a los segundos. Los artífices de esta genialidad estratégica son el vicepresidente Rosell (exalto directivo de Nike en Brasil) y el ex jugador Aitor Begiristain que oficia de director deportivo. Al Barcelona le van bien las cosas, entre otros motivos porque su buena estrella coincide con la profunda crisis de su antagonista, el Real Madrid. Pero a Riquelme y a Saviola les va, afortundamente, mejor.

Hay quien dice que si Román se llamara Riquelminho o Rijkelmaker la cosa sería bien diferente. Pero Román no necesita retocar su apellido así como tampoco ha necesitado cambiar de forma de jugar, raparse la cabeza o ser portada de Vogue. Ha conseguido lo que nadie: que el fútbol español comience a adaptarse a él y no a la inversa. Hoy es el líder de un equipo casi desconocido al que le sobra calidad en todas sus líneas y que es capaz de combinar, con equilibrio y sentido práctico, la velocidad de juego y la técnica individual. Ayer lo sufrió el Barcelona y, la verdad, es que los argentinos, aun los que somos hinchas del Barça, lo disfrutamos a más no poder.
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