Colaboraciones
Noam Chomsky
Noam Chomsky
¿Qué es lo que aprendemos cuando aprendemos un lenguaje?

Una de las cuestiones más fascinantes que aborda la psicología del desarrollo, es justamente la cuestión de la ontogénesis del lenguaje. Todos sabemos que el niño, nacido "infans", es decir sin lenguaje, adquiere, en un lapso que va desde los dieciocho meses a los cinco años, el uso de la lengua materna. Sin intervención sistemática de parte de los adultos -lo que excluye la conceptualización de esta adquisición como "aprendizaje"', '- y sin aparente esfuerzo, en el término de unos cinco años, el niño deviene en hablante nativo de la lengua proporcionada por el contexto. Esta situación repetida y aparentemente trivial, es, sin embargo, la que constituye el centro mismo de la investigación psicolingüística. Decir que un niño aprende a hablar nos obliga a trabajar sobre una serie de preguntas de complejidad y dificultad crecientes. En primer lugar ¿qué queremos decir cuando decimos que se aprende un lenguaje? ¿Qué es lo que aprendemos? ¿A qué llamamos lenguaje?

La constitución de la psicolingüística data, en gran medida, de los interrogantes que se formula Chomsky acerca del lenguaje. Pocas veces la lingüística había considerado, como en el caso de Chomsky, que postular un modelo de lenguaje implicaba postular un modelo de mente. La reducción conductista había ignorado para el lenguaje humano todo lo que no pudiera ser descripto en términos extensionales y observacionales como "habla". En este sentido, los humanos "hablamos" aunque no se puede explicar esta habla en términos de "decir" algo. La polémica fundamental de Chomsky es contra estas apreciaciones que describen al lenguaje sólo en términos comportamentales. Pero también se rebela contra la concepción de Piaget, en la que el lenguaje no posee un grado de especificidad y privilegio, sino que se trata de un aspecto más de la "función semiótica", dependiente esta misma de las estructuras cognoscitivas más generales.

La psicolingüística, -o más específicamente, como se denomina en tanto no dependencia de la lingüística, sino espacio en la indagación psicológica "psicología del lenguaje"- se ha constituido justamente sobre estas problemáticas. Y en este sentido ha configurado una indagación científica alrededor del lenguaje que permite una discusión de diferentes teorías y disciplinas. Una buena manera de aproximarnos a este ámbito de investigación es tratar de formularnos, en primer lugar, la cuestión de la génesis del lenguaje. Explicar algo puede lograrse mejor si, a la descripción estructural del problema, le agregamos la pregunta acerca de la génesis de aquello que deseamos estudiar. Es este un buen modelo de pregunta psicológica; cundo Piaget se propone investigar el conocimiento humano, no se pregunta ¿qué es?, sino cómo se origina, de donde procede. Es esta , después de todo, la pregunta por la evolución, que en psicología tiene una tradición muy precisa en las conocidas disciplinas de la psicología del desarrollo.

Si nos preguntamos acerca de la génesis del lenguaje, la pregunta misma se complica alrededor de varios niveles en que puede formularse esta investigación. Podemos realizar nuestra investigación dentro de los marcos de la ontogénesis, y entonces daremos prioridad al tratamiento de temas tales como adquisición y evolución del lenguaje, o bien podemos acercarnos a una perspectiva microgenética, en la que estemos interesados, sobre todo, en procesos moleculares no conscientes que intervienen en -por ejemplo- la comprensión de frases. Se trata un poco de la perspectiva sobre la que la psicología cognitiva del procesamiento de información o las tendencias conexionistas han puesto énfasis. Otra sería enfocar la investigación desde una perspectiva mayor, como la filogenética, tratando de atender a la forma en que aparece el lenguaje a lo largo de la evolución de las especies. Aquí la pregunta que nos hacemos tiene que ver con la especificidad del lenguaje en la especie humana, hecho que fundamenta algunas de las apreciaciones más decididamente innatistas de Chomsky, y parecen brindar un especial apoyo a sus postulados de base.

¿Que es lo que aprendemos cuando tomamos la perspectiva de la filogénesis?. Como todos sabemos esta cuestión no es susceptible de investigación empírica, ya que carecemos de fósiles lingüísticos (si es que puede hablarse de esta manera). Las reconstrucciones, muy indirectas, especulan acerca de la posibilidad de establecer rasgos que demuestren la presencia del habla en antepasados tan lejanos como el "homo erectus", o más recientemente, en los primeros "homo sapiens sapiens". Esta cuestión, la del origen del lenguaje, no es nueva en el pensamiento psicológico. Tan interesante resultó esta cuestión, que en 1866, la Sociedad Lingüística de París se vio en la necesidad, dada la superabundancia de monografías sobre este tema, de prohibir, en sus estatutos fundacionales, toda referencia a este singular problema. Claro está que por aquellos tiempos la cuestión no podía ser sino materia de especulación, al no contarse con teorías científicas que avalaran investigaciones más o menos rigurosas. El abordaje que hoy hacemos de este problema difiere de cuanto podía conjeturarse en 1866. Después de todo, existe un corpus más o menos establecido de disciplinas que abordan aspectos de la cuestión. La consolidación de la biología evolucionista, por lo pronto, ha situado muy precisa- mente las investigaciones sobre nuestra especie. Después de todo, abordar el lenguaje desde una perspectiva evolucionista, puede ser útil no tanto para establecer un "cuándo" sino para precisar la lógica de este proceso. ¿Cómo, y porqué aparece el lenguaje?.

Si bien establecer un tipo de continuidad entre comunicación y lenguaje aparece como una forma de establecer procesos no-discontinuos entre animales y hombres, reducir el, lenguaje sólo a los aspectos comunicacionales no resulta fácil, ya que un lenguaje implica la posibilidad de reflexión sobre sí mismo, de establecer vínculos entre pensamientos, y todo ello excede la voluntad comunicativa. Por otra parte, la categorización de lo real a que procede el lenguaje, la elaboración de conceptos, parece un ámbito no limitado a las necesidades de comunicación. En los últimos tiempos, la observación de especies animales ha permitido recoger nueva información sobre la especificidad humana del lenguaje.

Los monos vervet, por ejemplo, son capaces de emitir tres tipos distintos de señales vocalizadas, con tres tipos de significados diferentes. Se trata de llamadas de alarma ante la presencia de tres tipos especiales de predadores que abundan en su hábitat: águilas, serpientes y leopardos. Se trata de un lenguaje, ya que hay una distinción entre sonido/significado que puede establecerse claramente. Sin embargo, las diferencias con nuestro lenguaje son abismales. Los elementos conceptuales son pobres: no pueden hablar del águila de hace tres días, ni pueden elaborar el concepto "predador" que involucraría a tres llamadas. No pueden atribuir propiedades, ni menos negarlas. No pueden establecer relaciones. Por otra parte, las llamadas no son sonidos articulados; se trata de un repertorio sonoro limitado. Otro tipo de limitaciones serían las pragmáticas: los gritos sólo se corresponden con la situación de estimular, sin independencia de ésta. Desde luego, el mensaje carece de otros aspectos como por ejemplo el estado emocional del emisor. En los monos en estado de cautiverio, una exhaustiva y variada investigación produjo resultados interesantes. Los estudios de Sarah, Washoe, y otros ejemplares de chimpancé, han mostrado que en situaciones no-naturales pueden adquirir el uso de signos arbitrarios aunque con un grado muy escaso de generatividad y un alto grado de pérdida en cuanto este aprendizaje se discontinúa.

La especificidad humana del lenguaje que Noam Chomsky sitúa en el centro de su aporte teórico queda así abonada por estas experiencias. Lo que no parece claro es por qué surge un sistema tan complejo y rico como el lenguaje humano, cuando desde el punto de vista filogenético, y para las necesidades de la especie, con un sistema comunicacional mucho menos complejo podíamos habernos arreglado.

La psicología del lenguaje, como disciplina de la psicología, tiene en la complejidad estructural y funcional del lenguaje, un desafío notable.

La cuestión del lenguaje, la toma de conciencia de la importancia del mismo en el ámbito psicológico aparece más o menos con la reflexión filosófica desde las especulaciones de Platón en el Crátilo (¿el lenguaje se da por convención o por naturaleza?) hasta los comienzos mismos de la psicología científica, con Wundt. Pero es quizás con la obra del Wilhem von Humboldt con la que se comienza a apreciar la importancia y la magnitud de este problema para el pensamiento todo. No en vano Chomsky lo sitúa como un precedente de consulta obligatoria, más allá de las tergiversaciones a que somete los alcances teóricos de su indagación lingüísitica.

La particular relación entre lenguaje y pensamiento ("el hablar es condición necesaria del pensar") en Humboldt proviene de la recuperación del sentido inicial de la palabra "logos". El lenguaje no es un producto sino un proceso psíquico, y estudiar este proceso es estudiar la psiquis humana. De alguna manera, la "psicologización" del tema del lenguaje parte de allí. Chomsky, cuando asegura que postular un modelo de lenguaje es postular un modelo de lo mental, funda la psicolingüística desde este aserto.
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