Colaboraciones

Lo antiguo, más lo nuevo

Manifestación epidérmica de este proceso profundo es la coexistencia, dentro de las fronteras de esta década, de una cierta toma de distancia de la cultura excesivamente apegada al terruño con una mayor presencia y aceptación del folclore del Norte argentino en Buenos Aires, y de este fenómeno con el auge del rock americano, las manifestaciones del pop argentino, incluyendo un resurgimiento del tango y su penetración en los ambientes jóvenes en las provincias.

En esos años comienzan a publicar sus libros los escritores nacidos entre 1930 y 1935, agrupados en la Generación del 60. Otros orígenes, otros nombres, otras preocupaciones y otra sensibilidad. "Pese a lo disímil de sus voces, todas confluyen en lo esencial humano; en el rescate del hombre interior, despojado de prejuicios religiosos, de consignas políticas y de aluviones de paisaje", señala Walter Adet.

Salta no fue ajena a la expansión de las ondas provocadas por la difusión del libro y la lectura en Buenos Aires. A su medida, tampoco lo fue respecto a algunas manifestaciones artísticas. La aparición de "Phersu" señala el tránsito hacia una actividad teatral moderna, más exigente y profesional, más abierta y universal.

Aunque no hay datos estadísticos, se puede decir que en esos años comenzó a incrementarse la venta de libros. Consultar la lista de best seller de Primera Plana era consultar al oráculo. De modo deliberado las páginas del semanario dirigido por Jacobo Timermann, combinaba con astucia una línea editorial pro militar, que despejó el camino al golpe de Onganía en 1966 atacando sin piedad al gobierno de Illia, con un progresismo cultural rayano con el izquierdismo.

El catálogo de la editorial Jorge álvarez tenía la autoridad de un figurín de modas. Muchos conocimos Buenos Aires primero en las letras de tango y en el libro en el que Juan José Sebreli diseccionó la ciudad porteña. Años después caminamos sus calles. Aunque sin la continuidad e importancia que alcanzaron en Tucumán, surgieron algunos cine clubes. La casi solitaria iniciativa privada, la más de las veces tan sólo individual, multiplicó las exposiciones de pintura, los conciertos, presentaciones teatrales y recitales de poesía.

Si bien es plausible la opinión de García Pelayo respecto al aporte de la Vulgata marxista al subdesarrollo, hay que admitir que en los primeros años de la década de los '60, las ideas socialistas y marxistas ofrecían la posibilidad de incorporar una visión moderna y herramientas críticas en una realidad local poco secularizada, dominada por palabras del conservadurismoo y por silencios o retóricas populistas.

Afirma Sylvester que el modernismo literario tardó un siglo en llegar a Salta. Si esto fue así, algunas ideas modernas tardaron bastante más de un siglo en trasponer las alturas y la cerrazón salteñas. No es que durante ese largo tiempo no hubiera crítica social: la hubo pero se expresaba oralmente, de forma asistemática y fragmentaria. En mi juventud conocí agudos críticos sociales que lucieron su talento en tertulias pero que no supieron recogerlo en los viejos odres provincianos.

En muchos casos, en provincias de cuño tradicionalista y de limitada vida cultural, tener veleidades intelectuales suponía una cierta aproximación a ideas de izquierda. Del mismo modo que, para propios y extraños, acercarse a ellas traía aparejado ser tenido por "intelectual", algunas veces para calificar pero, con más frecuencia, para descalificar.

No sería justo negar que esa angosta y poco transitada senda de la izquierda no violenta en Salta encendió algunas luces, proporcionó un medio de socialización y culturización y –a la larga- vacunó a algunos de nosotros contra la peste del la violencia y el terrorismo. Senda luego ensanchada por el aporte de la Iglesia post conciliar. La torpe ignorancia inquisitorial, los actuales políticos ramplones y la furia de los conversos, se empeñan en abjurar de ese aporte del que somos tributarios, pero también críticos y autocríticos.

Estos fenómenos se parecen más a una avenida de doble mano con desigual flujo de tráfico, que a la imagen de una congestionada avenida de una sola mano. No esperemos asistir, en nuestras provincias y en esos años, a cambios repentinos, visibles y, menos todavía, aparatosos. Los avances y los retrocesos circulan en profundidades y tiempos largos. Las luces más potentes no son propias: los resplandores llegan de lejos. A veces, son estimulantes. Pero otras, provocan el temor y la resistencia local a lo novedoso y lo foráneo.

Santiago Sylvester piensa que, si en las décadas anteriores los acontecimientos mundiales "llegaban al norte como noticias, pero no modificaban la visión del mundo ni, en consecuencia, la cultura local", los aires y vientos de los años '60 produjeron "la implicación local en acontecimientos mundiales, y estos imprimieron, a su vez, mutaciones formales y de concepto en la cultura local. Los hechos locales concernían ya de otro modo".

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