Colaboraciones

Expresión del subdesarrollo

A esta confusa mezcla se le pueden aplicar las críticas que hizo Manuel García Pelayo a la Vulgata marxista latinoamericana de esos años al decir que fue "simultáneamente la expresión de la miseria cultural del subdesarrollo y la protesta contra ese subdesarrollo". No fue el opio del pueblo, pero si "el opio de unas minorías que podrían conducir parte del pueblo".

El origen foráneo – europeizante y la falta de adecuación de las ideas liberales a la realidad nacional fue uno de los argumentos más usados contra ellas por las distintas vertientes críticas y revolucionarias de los '60. "¡Fuera la cultura extranjera!", escribe sobre un pizarrón un protagonista de "¡Tiren a matar!". Sin embargo, el espíritu crítico que esos sectores utilizaron hasta el exceso, se ejerció puertas afuera de esas cofradías las que, hacia su interior, consagraban rígidos dogmas construidos con conceptos acuñados por la denostada cultura Occidental.

El gran drama de los '70 se alimentó del gran equívoco gestado en los '60 y que consistió en imaginar que se alcanzaría el reino de la libertad implantando la "liberación nacional" mediante el uso la violencia y el terror para demoler los restos de aquellas "libertades formales y decrépitas". Que se lograría archivando la engañosa "democracia burguesa" bajo el peso de un régimen autoritario y suplantando el tibio reformismo por una revolución que debían conducir profetas armados tan ambiciosos como implacables e impiadosos.

En la Argentina, uno de los rasgos peculiares más acentuados dentro ese abigarrado sector fue esa mixtura de diversos elementos mal combinados y armonizados, cuya síntesis se alcanzó en la aleación entre un marxismo escolar y un populismo simplista. La impaciencia y dificultades para comprender los cambios que se estaban produciendo en el mundo y en la Argentina, y para desentrañar esa compleja realidad, llevó a improvisar panaceas cuyos resultados fueron trágicos.

Si la revolución debía ser obra del pueblo y ese pueblo, en su mayoría, era peronista pero carecía de una elite y una organización revolucionarias, la tarea debía consistir en encauzar esa corriente nadando dentro y no fuera de ella. Esta visión vio en el peronismo no sólo una edad de oro pasada, interrumpida en 1955 por la violencia, sino también como un paraíso que esa revolución debía reinstalar. Tal esquema elemental se gestó en los '60 y se utilizó en los '70.

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