Colaboraciones

Contra el liberalismo ¿o contra la libertad?

Detrás de esa retórica que cuestionó al conservadurismoo autoritario argentino mal llamado "liberal", apenas se encubría un rechazo a la libertad, a la democracia y a ese republicanismo que es alérgico al populismo. Para Hernández Arregui, esa lucha contra los "enemigos internos y externos, sólo puede resolverse mediante el establecimiento de regímenes autoritarios, con el control de las exportaciones y medios de propaganda, con el apoyo estatal al movimiento popular y la participación del Ejército en esta política nacional defensista".

Esto nos coloca frente a esa tremenda paradoja, señalada por Bell: el radicalismo cultural, los impulsos a la liberación y el vanguardismo revolucionario de los '60 acontecieron dentro de sociedades burguesas o en alguno de los llamados países en vías de desarrollo, pero no en China, Argelia, Egipto, los socialismos realmente existentes, con Cuba a la cabeza.

Todos esos regímenes dictatoriales, represivos, dogmáticos y puritanos, fueron adoptados como modelos por los contestatarios argentinos pertrechados con una improvisada y confusa mezcla ideológica hecha con la Vulgata marxista, autoritarismo, militarismo, populismo, nacionalismo tercermundista y catolicismo post conciliar bajo cuyo peso quedaron aplastadas las pretensiones de una izquierda más sofisticada pero no menos equivocada.

Si ponemos énfasis en la crítica a esta mixtura no es porque no hayan galopado a su costado otras expresiones ideológicas como las del más antiguo nacionalismo católico o las del conservadurismoo autoritario, ambos empeñados en introducirse como consejeros del príncipe en todas las camarillas y golpes militares. Ese énfasis se explica por el hecho de que esa mixtura fue la que predominó y tuvo una influencia decisiva en los años '60.

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