Colaboraciones

Energía de vida. Pulsión de muerte

Lo que está aún por explicar es por qué en aquellos años, demasiado cerca del impulso a la vida y con parecida intensidad, comenzó a latir una pulsión de muerte. "¡Tiren a matar!", novela escrita en Salta a fines de los '60 por Carlos Vázquez Iruzubieta está cargada de esa ambivalente energía. La muerte allí es un personaje central, omnipresente.

Aunque, dice el autor, "nadie quería, al parecer, la muerte", una y otra vez, se alude al "deseo de morir", al "jugar con la muerte". "El destino de la revolución es la victoria por el camino de la muerte", dice un personaje en tono milenarista. "Asegurada con naturalidad en la muerte [la clase de mundo que Matilde prefería], valía la pena sufrirla".

"Necesitamos mártires con urgencia", dice uno de los personajes. "Nunca te preguntés si es hora apropiada para morir", aconseja otro. "Viejo bueno, que tiren a matar, o no habrá paz para nuestros espíritus". "Todos parecían querer lo mismo, aunque unos mostraban deseos de vivir, y otros, el único anhelo de morir gritando". Antes que la violencia y la muerte se desplegaran efectivamente, textos y arengas vanguardistas concluían con consignas como "Patria o muerte", "Perón o muerte" o "Liberación o muerte".

Entender algo era comprender que "el enemigo era el rico; los amigos, los pobres, y la tarea concreta el atentado", escribe sin intención crítica Vázquez Iruzubieta. Alvin W. Gouldner explicó que el populismo cree -y, habría que añadir, explota la creencia- "en el valor de las personas comunes y en el valor de su sencillez y de su sabiduría". Lo cual, añade, "puede disponer a los intelectuales a elogiar a la gente popular como más veraz y sabia...".

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