Colaboraciones

Una memoria crítica

¿Pueden reducirse los '60 a la arena donde dirimen sus conflictos esas elites que, de derecha a izquierda, hablan en nombre de la Patria, de la Nación y del Pueblo? ¿Tenemos hoy la perspectiva necesaria para mirar serenamente ese tiempo turbulento y para examinar sin pasión ese tiempo apasionado?

¿No corremos el riesgo de incurrir en una visión de los '60 contagiada aún de virus sesentistas? ¿Podemos hacerlo despojados del tono imprecatorio y de las ataduras de las "disyunciones tajantes", contagiosos rasgos del estilo de esos años? Una memoria sesgada y autocomplaciente, una crítica sin autocrítica, una reflexión sin rigor, no son una ayuda para someter a examen aquellos años.

Los años '60 en la Argentina son más contradictorios, ambiguos y engañosos que claros y coherentes. La inicial apertura cultural, más que el esperado cambio de estructuras o los del campo político y del económico, son los que otorgan ese carácter prodigioso que se atribuye a la década.

Al marchar a contrapelo de la involución política y la declinación de la economía y al frustrarse sus expectativas, esa efervescencia cultural de los '60 tendió a expresarse como insatisfacción y descontento. Luego se congeló y transformó en crispación politizada, y ésta en violencia organizada que desembocó en el terror y en la muerte.

La represión ilegal de la dictadura más sangrienta de la Argentina del siglo XX clausuró esa etapa. No sólo provocó el más grave daño a la vida humana, el mayor desprecio a las libertades y a las instituciones, sino que produjo la más profunda involución cultural.

Parte de la violencia cruzada que padeció la Argentina entonces fue una de las consecuencias de la fisura que se abrió, en una Argentina en declinación, entre las expectativas que alimentó aquel cambio cultural y las posibilidades de satisfacerlas.

Concluiré citando a un entonces famoso, y después controvertido personaje, figura emblemática de aquellos '60 latinoamericanos: Regis Debray. "Sin duda la historia no es la memoria sino su crítica, sin lo cual los memorialistas podrían pasar por historiadores. El profesional está ahí para desbaratar la trampa del testimonio y desmontar las mentiras del recuerdo". Sin memoria crítica y dejando intactas las mentiras del recuerdo, las recaídas en el error están al acecho aquí, a la vuelta de la esquina.
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