Colaboraciones

Tradicionalismo atemperado

Quizás con excesivo optimismo tendíamos a ver rasgos de modernidad en algunas señales que marcaban la desaparición, cuando no la simple atenuación, de las características más fuertes de la sobreviviente sociedad tradicional. En un trabajo mío sobre el último medio siglo en Salta publicado en diciembre de 1999, del que malévolamente se omitió mi firma, señalé que en los '60 "algunos imaginaron que era posible fundir la arcilla de lo arcaico con lo nuevo".

"Puede decirse, añadí, que durante casi todos los años '60 nuestra sociedad permaneció sometida a un doble y contradictorio estímulo: la tentación de cambiar y el temor a intentarlo". Los intentos se expresan mediante signos exteriores: las mujeres comienzan a usar pantalones, fuman en público, conducen camionetas, hablan en voz baja sobre sexualidad y sobre la píldora anticonceptiva, sueltan el cuerpo con el rock o bailan mejilla a mejilla y a media luz en whiskerías.

En lo familiar y personal, sentí que ese cambio de clima comenzó antes que lo hiciera la década: en 1958 con la elección como presidente constitucional de Arturo Frondizi y de Bernardino Biella como gobernador de Salta, pues con ellos comenzaron a desmontarse los más duros mecanismos de represión y exclusión de los vencidos, montados a partir de 1955. Biella inauguró mandato enfatizando en la necesidad de "pacificar los espíritus" respetando la libertad de todos los ciudadanos.

El respeto que ofrecía Biella le fue negado a él mismo por un grupo de enconados adversarios que influyeron para que la provincia fuera intervenida el 20 de noviembre de 1961. Horas antes de dejar el gobierno, Biella advirtió que "la provincia de Salta es una de las más difíciles de gobernar por ser reducto de la más poderosa oligarquía que se manifiesta en una oposición enconada y tenaz".

Institucionalmente los '60 estuvieron dominados por la inestabilidad y por los gobiernos provisorios y de facto. El telón de fondo de una intensa lucha ideológica, teñida por el temario de la guerra fría, por la disputa entre peronismo y anti peronismo y por la creciente ola revolucionaria y de guerrillas, no puede disimular el carácter políticamente regresivo de esos años.

Durante la década de los '60 en Salta, los gobiernos surgidos de elecciones restrictivas, sólo pudieron controlar parcialmente la administración del Estado: en total durante cinco años y dos meses. Biella entre mayo de 1958 y noviembre de 1961, y Ricardo Durand entre octubre de 1963 y junio de 1966.

En lo único que se adelantó la Provincia de Salta respecto a la Nación fue en la quiebra institucional que marcó el derrocamiento de Frondizi. Fue el propio Frondizi quien, cediendo a presiones golpistas, interviene la provincia de Salta en 1961, poniendo fin al democrático gobierno de Biella. Por su parte, Frondizi es derrocado el 19 de marzo de 1962.

A la corta duración de esos dos gobiernos constitucionales se añade una inestabilidad institucional a la que los propios gobiernos de facto no pusieron fin y, antes bien, agravaron. Durante esta década la provincia de Salta tuvo un promedio de un titular del Poder Ejecutivo por año, sin contar con varios que ocuparon el gobierno por pocos días como interinos.

Pero en el ánimo de un chico preocupado como yo por las constantes detenciones a su padre, pesó más la promesa de poner fin a la persecución de dirigentes políticos que el proyecto de desarrollo y modernización enunciado por Frondizi. Desde el punto de vista institucional, esa promesa pacificadora y de cambio anticipó el formal comienzo de la década de los '60. Pero también su pronta frustración la cerró prematuramente.

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