Colaboraciones

Un cierto clima de época

Tiempo en el cual los jóvenes no sólo no contaban con los padres, sino que parecía necesario ir contra ellos y contra sus ideas. La recusación de las pautas, la inversión de los valores y el rechazo de la sensibilidad por ellos heredadas, constituía el primer paso para una pelea más de fondo que se libraría en la afirmación de contravalores y en el rechazo, primero crítico y después violento, a la autoridad y a las instituciones.

Sería un error extender al conjunto social estas nuevas tendencias, sensibilidades y preocupaciones. Inclusive lo sería si se adjudicara tales rasgos a todos los jóvenes de esa época. Su alcance se redujo a las vanguardias, pese a que las fantasías de aquellos jóvenes eran masivas o sociales. En estos aspectos, y también en el de las preferencias y en el activismo político, tales rasgos están presentes de modo intenso sólo en una minoría joven y activa que los abrazó.

"Lo que importa no son las actitudes ante la vida de las mujeres y los hombres de treinta años, sino las de los hombres y mujeres de veinte", explica Pierre Chaunu. Al promediar la década de los '60, los que nacimos durante el ascenso del primer peronismo alcanzamos esa edad que nos colocaba en aquel segmento. No estamos ante una referencia obvia y anecdótica sino frente a un elemento clave para comprender aquel decenio.

Esos rasgos aparecen difuminados en su periferia y apenas son visibles más allá de sus límites. Que ese clima haya prevalecido en esa época, al envolverla e impregnarla, no autoriza a asegurar que lo haya hecho con todas las individualidades, del mismo modo y con parecido énfasis. Las visiones rotundas de la década se fabricaron eliminando la complejidad y borrando los matices.

A diferencia de lo que ocurrió en países centrales, entre nosotros esa ruptura no se expresó como rechazo al pasado o amnesia, sino como desesperada búsqueda de respuestas en la historia o, para decirlo con más precisión, en la negación de la historia oficial. Los revolucionarios tienen "sensibilidad retrospectiva", dice Regis Debray. A diferencia de la rebeldía de los jóvenes europeos o norteamericanos, tampoco lo hizo mediante una afirmación del yo. Fanon colocó al individualismo "en la primera fila de los valores enemigos", señala Alain Finkielkraut.

No se expresó de modo individualista, hedonista y meramente estético: se manifestó como acelerada politización, como abjuración de la subjetividad y como compromiso "militante". Lo que en los países centrales era rebeldía frente al hartazgo, en el nuestro era temor a la movilidad social descendente, al deterioro educativo, a la pauperización de los profesionales y a las carencias. Aquel impulso se canalizó aquí hacia lo ideológico, lo social, la introspección, la búsqueda del "ser nacional" y la construcción del "hombre nuevo".

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