Colaboraciones
Los años 60 en Salta
Los años 60 en Salta
La fragmentación del tiempo en períodos históricos exige simular que olvidamos que cada época es tributaria de la anterior y prepara las condiciones de la siguiente. Los cortes abruptos no están en la realidad histórica sino en la necesidad simplificar su descripción y explicación amputando el tiempo en décadas o siglos, con números redondos y pulidos.

Por las características tan singulares y marcadas que le son adjudicados, la cronología de años sesenta encajan tanto en uno de esos recortes de fechas casi perfectos, como en esos otros cortes que definen las unidades del tiempo social, dados por los rasgos, el clima, el espíritu de época. En suma, por la cronosofía, esa periodización cualificada o "filosófica", al decir de Paul Ricoeur.

Designando a los '60 como década "prodigiosa", "dorada", "feliz", "maravillosa", "rebelde" o de "la era espacial", la cronosofía se superpone, hasta coincidir, con esa línea de puntos que dibuja la cronología dentro de la cual quedan encerrados los tres mil seiscientos cincuenta y tres días del decenio. Al conferirle tales atributos, se incurre en una valoración positiva y en bloque de esos años.

Estamos frente a una década de rasgos fuertes, dotada de gran poder de irradiación mundial, con múltiples caras y matices: conquista espacial; píldora anticonceptiva, transistores, vacunas, fotocopiadoras; Cuba comunista; descolonización; Concilio Vaticano II; asesinato de los Kennedy; Vietnam; Muro de Berlín; el Mayo francés; invasión soviética a Checoslovaquia; muerte del Che Guevara en Bolivia; matanzas bajo el nombre de "revolución cultural" en China.

Aún con los avances de los años '50, el mundo heredado parecía rudimentario y hasta ingenuo, comparado con lo que los '60 mostraban y el futuro prometía. Las fantasías espaciales de la década se abren con el primer vuelo orbital (Gagarin, 1961) y se cierran con la primera pisada de un hombre en la luna (Armstrong, 1969). Aunque los conflictos terrestres no desaparecían, se esperaba que la conquista del espacio ayudara a empequeñecerlos.

La fragmentación del tiempo se prolonga en la fragmentación del espacio geográfico. Dentro de él se sitúan los escenarios locales de ese prodigio, cuyos sus frutos se derraman de modo desigual. En lugar relevante se ubican los países llamados centrales. En sitios más modestos, esos otros periféricos que, aunque denuncian y se rebelan contra su marginalidad y dependencia, orbitan en torno a aquellos centros, mirándose en sus espejos.

Pero esa parcelación avanza más allá de las hojas del calendario; va más lejos de las fronteras territoriales: se proyecta a los cortes generacionales, a espacios sociales y, dentro de ellos, a los ámbitos cotidianos, laborales y personales. El aura de los sesenta no acaricia a todos y, menos aún, lo hace con todos por igual.

"Hasta aquí llegan pocas noticias del mundo.
Recibo cartas de mis amigos;
me dicen que todo marcha bien,
que en algunos países se vive una vida verdadera
y que en otros la esperanza crece.
Yo no sé nada.
Me alegro por momentos
y me encierro otra vez en mi pueblo".

("Maimará". Jorge Calvetti).

Los sesenta a los que se suele aludir en la Argentina, son un tiempo y un espacio encerrados en ese decenio y en segmentos sociales con acotados límites generacionales, intelectuales y profesionales, los que se ubicaban dentro del radio urbano porteño y, específicamente, en un sector de reducido a unas pocas manzanas que configuraban un puñado de lugares de encuentros y desencuentros sociales, culturales y políticos.

Textos como los de Silvia Sigal y Oscar Terán son más las memorias monogámicas de esas tribus y de sus búsquedas y querellas dentro del micro mundo de la izquierda local, que un examen sobre los '60 argentinos. Aunque con enfoque más abarcador y de divulgación, el más reciente de Sergio Pujol incurre en la misma visión.

La literatura sobre los '60 argentinos propone, en realidad, un recorrido casi intimista por itinerarios compartidos por quienes estudiaban entonces en la Universidad de Buenos Aires, tenían afinidades no sólo ideológicas y políticas sino también afectivas y estéticas. Un enfoque erróneo ve en los '60 como una década de novedades y de jóvenes que transcurre en la capital argentina. Un tiempo más de rupturas que de continuidades, más de hijos que de padres, más de porteños que de provincianos.

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