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Enciclopedia libre
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Muchos experimentos tecnológicos de este comienzo de siglo han alcanzado, como es sabido, inusuales cotas de popularidad, pero pocos lo han conseguido en la cima de su inmadurez como el de la Wikipedia, la autobautizada 'enciclopedia libre'. En la corta pero agitada vida de la emergente sociedad de la información, hemos visto caer estrepitosamente desde experimentos ambiciosos como el que supuso la avalancha -tecnológica y bursátil- de las empresas fantasmas llamadas 'punto com', hasta aventuras de menor intensidad como buscadores universales inteligentes, comercios virtuales globales o periódicos digitales. En la base de todos estos emprendimientos se halla invariablemente la inteligencia febril -y a menudo estéril- de algún aprendiz de iluminado, que se reivindica a sí mismo como geek, con gran capacidad de convicción, con gran habilidad para la captación de recursos o con ambas cosas a la vez.

Para un universo de relaciones enteramente nuevo como el que representa Internet, lo que podríamos llamar ''tentación fundacional'' (una especie de obsesiva desesperación por atribuirse la paternidad de cualquier tontería, a condición de que sea la primera) constituye un mal endémico del que, por el momento, el mundo hispanohablante puede considerarse una de las áreas más vulnerables del planeta. Ello, quizá por su exagerada propensión a recepcionar de un modo acrítico la mayor parte de los desvaríos tecnológicos que proponen los mal llamados 'países centrales'.

Los impulsores de Wikipedia especulan con que la construcción del conocimiento puede (o debe) echar mano de determinadas herramientas que son propias de los procesos que conducen a la toma de decisiones públicas y que, por tanto, ese acervo común constituido por los saberes que el ser humano ha venido acumulando desde hace millones de años merece ser compendiado de una forma 'colaborativa', igualitaria y, en definitiva, democrática. No existen aún elementos de juicio suficientes que permitan afirmar que tal pretensión está abonada al fracaso, pero sí hay señales alarmantes que anuncian que la vitalidad de la gigantesca enciclopedia, basada en esta poco novedosa ideología, se encuentra seriamente amenazada.

Una de esas señales es la aparición de Wikipedia ClassAction, un movimiento cada vez más consistente y numeroso, que pretende canalizar a nivel global todas las demandas judiciales -que se anuncian multimillonarias- contra la Fundación Wikimedia por los daños y perjuicios causados por Wikipedia a causa de la inclusión de información falsa y de contenido difamatorio en una parte nada desdeñable de sus artículos.

Probablemente en la base de estos problemas se encuentre la propia razón de ser de la tecnología wiki, que aboga por contenidos abiertos y fácilmente modificables por cualquiera. Lo que se pretende es el reemplazo de lo que podríamos llamar 'la dictadura del contenido' por un 'totalitarismo colectivista' que, de prosperar, no sólo convertiría a toda la Internet en un caos sino que la condenaría a su propia desaparición o cuando menos enervaría el potencial liberador y democratizante de las nuevas herramientas tecnológicas.

La 'utopía wikipedista', por llamarla de algún modo, no pasa de ser una falacia de escala planetaria. No es cierto que cualquiera pueda modificar contenidos, porque los cambios que efectúa un internauta de a pie pueden ser revertidos a voluntad, no por un comité de sabios, ni por un board de académicos de una disciplina determinada, sino por cualquier indocumentado que esté en posesión del carné de wikipedista. Es a ellos -no a los expertos, insisto- a quienes cabe la 'responsabilidad' de introducir rigor en las entradas y velar porque aquel espacio no se convierta en un escandaloso escaparate de falsificación de la realidad.

Estos aprendices de censores se escudan en la posibilidad (o el 'derecho') que tiene cualquier ignoto colaborador de la enciclopedia a plantear discusiones en torno a los temas y cambios revertidos, lo cual por cierto suena muy bien e incluso sería muy interesante y útil, si toda la Wikipedia se planteara como un gran foro de discusión sobre materias científicas, pero libre, es decir, sin el peso de unos contenidos previamente tenidos como ciertos y válidos (hasta que se demuestre lo contrario), sin votos de censura, y, especialmente, sin la perturbadora presencia de estos perversos revertidores.

Leyendo un artículo de Umberto Eco en el que el filósofo reflexiona sobre los peligros que encierra la falsa promesa de la ''enciclopedia libre'', se me ocurrió poner a prueba el invento, editando en Wikipedia un contenido referido a mi Provincia que no sólo estaba errado sino que había sido redactado en forma sesgada y tendenciosa. Me interesaba comprobar si a mi enmienda se le daría el mismo tratamiento que las efectuadas por Umberto Eco en una entrada en la que se afirmaba que en uno de sus libros el filósofo desarrollaba una idea de Nietzsche, cuando en realidad la rebatía. Tal como me esperaba, mi corrección fue revertida (es decir, eliminada y repuesto el contenido anterior) por "alguien".

Pero ¿Quién es ese alguien? ¿Qué reglas aplica? ¿Quién las ha formulado? ¿Quién controla la aplicación que de las reglas hacen éste y otros revertidores? Me interesé por saber quién era el que había eliminado mi corrección, porque si hubiera sido, por ejemplo, el mismo Umberto Eco, me hubiera allanado sin problemas a su infinita superioridad intelectual.

Pero el caso es que aquella experimental enmienda mía fue revertida por un casposo wikipedista argentino (no citaré su nombre de guerra para no inflar aún más su ya de por sí bien desarrollado ego), de cuya identidad, aficiones e inclinaciones intelectuales me enteré después en una wikipágina por él firmada. Tras la lectura de esta página, calificada por su propio autor como "un aborto" y, especialmente, después de leer una insólita invitación a "putear" (insultar) a su autor, me di cuenta que no se trataba ni de Umberto Eco ni de ningún sabio venerable y de que, por consiguiente, mis cálculos acerca del por ahora sombrío futuro de Wikipedia no estaban del todo errados.

Efectivamente, si el futuro de la 'enciclopedia libre', si la 'democratización' de la información y del conocimiento dependen de un ser plano y peligrosamente cercano a la estupidez absoluta como éste, o de un millón de ellos, está más que claro que la opción por la Universidad y las bibliotecas, con todas sus contestadas reminiscencias medievales, siguen siendo opciones válidas para luchar contra la ignorancia y el oscurantismo y para aproximarnos a la verdad de un modo acreditadamente seguro.

El verdadero problema del invento reside, quizá, en lo que otros destacan como su virtud: la ausencia de responsabilidad en los contenidos. Nadie se hace responsable de lo que aparece escrito, de lo que deja de aparecer ni de lo que debió de aparecer y no aparece. La ''vanguardia'' tecnológica de Wikipedia y su carácter pretendidamente progresista tropiezan de este modo con una tendencia cada vez más nítida y firme de nuestros modernos procesos sociales: el de la exigencia de una estricta accountability social.

El que la Wikipedia tenga cada vez más artículos, el que se la utilice cada vez más o el que la inflación de sus contenidos resulte virtualmente imparable, poco dice a su favor. Mucho me temo que el invento está forzado a cambiar su forma de operar y su funcionalidad si no quiere pasar a engrosar la lista de los fiascos tecnológicos a los que me refería en el encabezamiento de este escrito.

El autor es Máster en Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación por las universidades Carlos III de Madrid, de Alicante y Autónoma de Barcelona.
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